La belleza de lo tangible

 Instax de Fujifilm

Instax de Fujifilm

Antes del digital, la copia final era lo más importante. Sin ella, no eras capaz de disfrutar de tu imagen al 100%. Podías previsualizarla en el negativo sobre la mesa de luz, pero, como todo lo oscuro se ve claro y lo claro se ve oscuro, era sólo una aproximación. Podíamos hacer una hoja de contacto para positivarlo pero eso solo era referencial. Hasta que hacías una copia, por más pequeña que fuera, no eras capaz de ver realmente la imagen y, por lo tanto de disfrutarla.

Eso se perdió en la era digital. Al menos podríamos decir que cayó en el olvido. La inmediatez de las pantallas sustituyó a la imagen que aparecía sumergida en el revelador. Con esto no quiero decir que el digital haya sido un avance negativo. Todo lo contrario, ha traído muchos beneficios al mundo de la fotografía. Sin embargo, no vino sin el sacrificio de la copia en papel. 

Las pantallas son capaces de reproducir imágenes impresionantes. Ricas en tonos, contrastes y colores. Pero por su misma naturaleza emisora de luz, no son el medio más atractivo, en mi opinión, para representar fielmente un fragmento de realidad captado en una imagen. Lo que vemos con nuestros ojos, al estar frente una escena que vamos a fotografiar, es luz reflejada como la que rebota de una copia en papel y llega a nuestros ojos. 

Vivimos en un mundo frenético. Reconozco que soy el primero que va a andando a toda velocidad por las calles de Madrid (cuando no estoy tomando fotos;)). Por eso, agradezco momentos en los que puedo parar. La copia te permite desacelerar. Aprecias la escena con mayor detenimiento. Los detalles, la composición, los colores, las historias parecen adquirir otra dimensión cuando las vemos sobre papel. 

Todo eso lo había olvidado en los años que han pasado desde que me compré mi primera cámara digital en 2009. De vez en cuando, ojeaba páginas de fabricantes de libros como Blurb, fantaseando con poder crear un libro con mis fotos. Realmente nada me impedía pedirlo pero creo que me había vuelto demasiado dependiente de los pixeles. 

Una serie de eventos simultáneos me fueron llevando a darme cuenta de que había dejado de lado uno de los aspectos más bonitos de la fotografía. Durante mi visita a Japón tuvimos la oportunidad de jugar brevemente con las cámaras instantáneas de Fujifilm. Ese no es el tipo de copia al que me refiero específicamente aquí, pero volver a sostener en mis manos la imagen que había tomado me hizo recordar lo especial que era tener las fotos en un soporte físico y no simplemente verlas en un pantalla. 

De vuelta a España, me llega (creo que a través de un correo), la notificación de una empresa que se llama Artifact Uprising de VSCO cuya inspiración es “la belleza de lo tangible”. No solo se dedican a producir libros como Blurb, sino que ofrecen distintos servicios de impresión, incluidas las copias fotográficas.

La tercera, y última, “señal” vino cuando me encontré con un curso de impresión para fotógrafos en Lynda. De hecho, era un curso que había empezado a hacer hacía un par de años pero que había dejado por la frustración de no tener una impresora para practicar. 

Aún sigo sin impresora pero con la convicción de que no es necesaria y de lo importante que es que vuelva al papel como resultado final de un proceso fotográfico. Tenía que haber alternativas a tener impresora. Por eso, además de los dos proveedores de libros que ya había encontrado, me puse a buscar que opciones tenía en cuando a realizar copias de algunas de mis fotos en distintos tamaños.

Mi primera parada fue buscar propiamente en mi ordenador. Soy usuario de Mac y sabía que la aplicación Fotos te ofrece la opción de pedir copias impresas. No estaba mal para hacer una primera prueba. La segunda parada fue una empresa que se llama WhiteWall. También me animé a probar los libros tanto de Blurb como de Artifact Uprising.

En los próximos post, hablaré de cada uno ellos para contaros qué tal la calidad y el acabado y cómo voy recuperando la belleza de lo tangible.