Viaje al pasado

Yo comencé con la fotografía en 2005 por simple curiosidad creativa. Un taller de blanco y negro analógico llevó a otro, y así, me quedé enganchado al acto de crear imágenes con ese pequeño cuartito oscuro que llamamos cámara. El interés por experimentar con fotografía de formato medio estuvo desde el momento en que supe que existía tal cosa pero, por una razón u otra, nunca la probé.

A un amigo muy cercano le regalaron una cámara de formato medio recientemente que resultó estar en perfecto estado (se compró para un fin mas bien decorativo que fotográfico). En este caso, era una Yashica A. Una cámara de objetivos gemelos o twin lens reflex (TLR). No tardé mucho en pedirle que me la dejara un par de semanas para probarla.

Mi intención no es hacer una reseña de esta cámara. Tiene más de 50 años. Asumo que hay mucha información técnica sobre ella disponible. Además que no creo tener la paciencia para hacer un resumen técnico sobre esta u otras cámaras. Mi intención es compartir como fue la experiencia de usarla después de bastantes años de trabajar en la comodidad y flexibilidad del digital. 

Aprender de nuevo

Prácticamente sabes usar cualquier cámara en lo que aprendes a usar la primera. Hasta que decides probar con tecnología más vieja. Te das cuenta de lo distinto que era antes. Lo complicas más si le sumas a que es un formato distinto. Algunas cosas como el enfoque y la apertura del objetivo fueron rápidas de identificar. La velocidad de obturación, como cargar y poner la película no tanto. 

Estas cosas me produjeron sensaciones mixtas. Por un lado, te despierta la curiosidad de conocer y aprender algo nuevo. Por el otro lado, es un recordatorio a la humildad. Siempre tenemos que estar abiertos al aprendizaje. Es algo que trato de llevar a cabo constantemente.

Límite de velocidad

Es lo primero que vamos a notar con esta cámara cuando salimos a tomar fotos. Todo, absolutamente todo es manual y la primera consecuencia es que te obliga a tomarte más tiempo para enfocar, más tiempo para componer, más tiempo para cargar la película… 

En el mundo digital, todo es cada vez más rápido. No digo que esté mal pero a veces ni siquiera pensamos en lo que estamos viendo a través del visor. Con una cámara tan “lenta” como la Yashica, te puedes permitir ver realmente lo que estás encuadrando. Es difícil porque al mirar por un espejo todo se mueve al revés y eso distrae pero, una vez que reconoces la composición correcta, es casi mágico.

La emoción del momento

Es una cámara analógica. No podemos revisar la imagen inmediatamente después de tomarla. Hay quien, al usar una cámara digital durante muchos años, mira la parte de atrás de una cámara casi como un reflejo, incluso cuando es una cámara de película (yo desactivo esa función cada vez que tengo una cámara digital nueva. Me distrae). No tener esa opción tiene una ventaja. Te permite olvidar la emoción del momento.

Muchas veces, juzgamos una foto por lo que sentimos al tomarla o al verla en la pantalla de nuestra cámara y no por su calidad estética/técnica. La película se tiene que revelar. Mientras la mandamos al laboratorio, la procesan y la volvemos a tener con nosotros, hemos dejado que pase el tiempo. De esa manera, nos olvidamos de las circunstancias de la toma y nos podremos concentrarnos en la imagen. Podremos juzgarlas casi como si las fotos no las hubiéramos tomado nosotros. Creo que es eso permite ser más acertados a la hora elegir nuestra fotos. 

Aún no he mandado las fotos al laboratorio pero pienso hacerlo pronto. No sé aún si el experimento va a dejar algún resultado interesante o sencillamente voy a recibir un carrete usado sin imágenes. Si ese fuera el caso, ha sido un ejercicio muy útil de todos modos. Me permitió salir de mi zona de confort entre los pixeles y me hizo recordar otra manera de hacer las cosas.

Tan pronto tenga las fotos (si las hay), pienso compartirlas en el blog así que estad atentos.